jueves, 11 de junio de 2009

Los militares del "Proceso", vencidos.

"Combatir a subversivos y corruptos".
El "Proceso de Reorganización Nacional", iniciado en la Argentina el 24 de marzo de 1976 y finalizado el 10 de diciembre de 1983, sostenía aquel lema como su objetivo fundamental.
Tomemos como testigo el caso de una de sus primeras espadas (nunca mejor aplicada la metáfora), uno de los "duros", de los "halcones": el general Luciano Benjamín Menéndez. En 1976 hacía alusión a la subversión y la corrupción como los enemigos a vencer.
La subversión se entendía como todos los activistas políticos y sociales de una amplia gama, desde guerrilleros hasta trabajadores sociales, desde políticos hasta sindicalistas, desde religiosos hasta ateos. Y eventualmente sus simpatizantes, amigos, favorecedores, parientes.
La corrupción se entendía como todos los funcionarios políticos de los estados nacional, provincial y municipal que lucraban ilícitamente con el ejercicio de sus cargos. En general, peronistas.
El ataque a los subversivos se dio a través de los grupos paramilitares dedicados a detenerlos, encarcelarlos clandestinamente, torturarlos y, en muchos casos, matarlos.
El ataque a la corrupción se redujo a mantener cerrados por 6 años y 7 meses todos los cuerpos legislativos del país: el Congreso Nacional, los Congresos Provinciales, los Concejos Municipales. ¿Algo más? La "Comisión Nacional de Reparación Patrimonial", CoNaRePa, que en 5 años sólo logró decir que los ex-presidentes María Estela Martínez de Perón, "Isabel", y Héctor José Cámpora, no habían robado. Y luego el Estado Nacional debió "reparar" los perjuicios de la "Comisión de Reparación".
¿Fueron vencidos esos "subversivos" y "corruptos"?
A excepción de los que murieron, todos o casi todos se rehicieron políticamente para reivindicarse y devolver atenciones a los orgullosos y paradigmáticos uniformados, alguna vez señores de vidas y haciendas.
Vituperados, vapuleados en sus últimos años, sin poder, con pocos amigos, con muchos enemigos que se ceban en su debilidad. Derrotados, sin duda.
¿Los socios civiles? Bien, gracias. Hay uno que hasta tiene una hija princesa en Europa. Aquí sólo se habla de los vencidos. La derrota es toda de los militares.

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